De la mazanka tradicional a una versión refinada y exagerada
Las construcciones de este artículo se conocen por Hata-Mazanka, y también por Under the Reed Roof. Se trata de casas de huéspedes ubicadas en una finca privada en el centro de Ucrania. Están planteadas como alojamientos turísticos que reinterpretan la mazanka, la vivienda rural tradicional del país. Este tipo de casa se construye con materiales locales y técnicas sencillas. Los muros son de tierra o barro, enlucidos y encalados. La estructura es de madera, y la cubierta se resuelve con paja o juncos, lo que exige un mantenimiento periódico.


Los arquitectos de este proyecto no reproducen la mazanka; lo que hacen es reinterpretarla. La operación es clara: los muros opacos desaparecen, y se sustituyen por un cerramiento completamente acristalado. Al mismo tiempo, la cubierta se amplifica hasta convertirse en el elemento dominante del proyecto. Aquí aparece el primer contraste importante. Aunque la cubierta sigue siendo de paja, su textura es mucho más fina y controlada. Todo está más refinado. Las esquinas se redondean, las proporciones se distorsionan, y la ejecución se vuelve precisa. La casa deja de responder a una lógica constructiva local, y pasa a ser un objeto arquitectónico muy definido, con una silueta reconocible que recuerda a un sombrero tradicional o incluso a un hongo.
Un espacio bien resuelto, pero con decisiones cuestionables
Cada unidad tiene unos 50 m² y se organiza a partir de un núcleo central muy claro. En él se concentran el inodoro, ducha, chimenea, nevera y un armario. A partir de ese núcleo, el espacio se libera hacia el perímetro. A un lado se sitúa el dormitorio, y al otro la zona de estar, generando una circulación continua alrededor. Esta organización funciona bien, y aprovecha el espacio.
La cubierta no solo define la imagen exterior de Hata-Mazanka. En el interior forma una cúpula que alcanza los 10 metros de altura. Su intradós se reviste con tejas de madera, evocando soluciones tradicionales. Esta altura introduce una verticalidad muy potente en un espacio reducido.


Los sistemas técnicos están completamente integrados. La climatización se resuelve mediante bomba de calor, combinada con ventilación de impulsión. El aire se distribuye a través de ranuras lineales discretas, y la extracción se realiza desde la cúpula y el núcleo central.
La relación con el entorno es constante, debido a su fachada de vidrio, pareciendo que la cubierta flota. El tratamiento del suelo se extiende fuera, diluyendo los límites con el exterior. Está resuelto con piezas que incorporan árido rodado, lo que provoca que caminar descalzo recuerde a la orilla de un río o playa. Esta es una de las decisiones más acertadas del proyecto, junto con la puerta de entrada, que es opaca y de madera, creando un contraste con la trasparencia del resto de la fachada.
Sin embargo, no todo funciona igual de bien. La cocina se reduce a lo mínimo. Incluso la nevera, de estilo retro, resulta demasiado pequeña para el hueco disponible. El espacio de Hata-Mazanka está perfectamente climatizado, por lo que la chimenea se podría haber eliminado, dejando ese espacio para mejorar la cocina.


Una arquitectura que lo decide todo por el usuario
Una vez descrito el proyecto de Hata-Mazanka, es necesario señalar algunos errores. El problema principal de esta casa de huéspedes no está en su forma ni en su organización. Está en su actitud. El espacio no se ofrece al usuario para que lo complete, sino que se presenta completamente definido.
El interior está cerrado en sí mismo. El mobiliario ocupa el espacio con una presencia excesiva, y se echan en falta piezas más cómodas para el uso cotidiano, como unsofá o sillón con apoyo lateral. Las lámparas de gran formato, fabricadas en cerámica y fibras naturales, tienen una escala desproporcionada para un espacio tan reducido. No acompañan, invaden. Incluso pueden resultar inquietantes.
La privacidad se resuelve mediante cortinas densas, controladas desde la cama. Funcionan, pero limitan el control. Un sistema manual permitiría gestionar mejor aperturas parciales, especialmente en el dormitorio. Además, estas cortinas no solo aíslan visualmente del exterior, sino que organizan la privacidad dentro de la propia casa.

La ausencia de televisión se plantea como una decisión consciente, pero resulta forzada. El usuario actual no se desconecta eliminando un elemento, mientras mantiene otros dispositivos como el móvil.
También hay una contradicción en el discurso. Se habla de tradición y de materiales locales, pero la realidad es otra. La fachada de vidrio, o los acabados interiores como las tejas de madera del techo, responden a una lógica industrial. La sostenibilidad implícita en la mazanka se diluye.
En conjunto, la propuesta tiene interés como ejercicio formal. La cubierta es potente, y el concepto es claro. Algo parecido ocurre con la cubierta de Open House, muy cercana en forma e intención. Pero es una arquitectura demasiado cerrada, que no deja margen al usuario. No sugiere, impone.
El estudio YOD Group diseñó Hata-Mazanka con una imagen muy precisa, quizá en exceso.











